Toni Comín puso fin este domingo a casi nueve años de residencia en Bélgica cruzando a pie el Coll de Belitres, el paso fronterizo entre Cerbère, en el Rosellón, y Portbou, en el Alt Empordà. Fue el segundo de los tres dirigentes del procés que permanecían en el extranjero en regresar a Catalunya tras Lluís Puig, que lo hizo el miércoles pasado. El exconseller de Salut ya había vuelto a España el jueves anterior para completar el trámite de acatamiento de la Constitución ante la Junta Electoral Central y adquirir formalmente su condición de eurodiputado, un cargo que ejerce desde Bruselas.

La jornada tuvo una puesta en escena deliberadamente simbólica. Comín convocó a su entorno en Cerbère a las 11:30 horas para emprender una marcha de aproximadamente una hora hasta Portbou. Junto a familiares y amigos, le acompañaron dirigentes de Junts como Josep Rius, Marta Madrenas, Jordi Fàbrega y Agustí Colomines, con quien comparte militancia en Moviment d'Esquerres. También acudieron el presidente de Òmnium Cultural, Xavier Antich, el eurodiputado de Comuns Jaume Asens —que se reivindica amigo personal del exconseller— y el representante de Esquerra Republicana Isaac Peraire. La concentración congregó a cerca de un centenar de personas.

El Coll de Belitres como escenario político: la urna del 1-O y el memorial republicano

El discurso político de Comín se pronunció en la cima del Coll de Belitres, punto exacto que marca la frontera entre Francia y España y donde se erige un memorial a los miles de republicanos que cruzaron en dirección contraria durante el exilio de la Guerra Civil. El exconseller habló con una urna del referéndum del 1 de octubre de 2017 como elemento visual de fondo, en una imagen que su entorno difundió ampliamente.

En su intervención, Comín calificó el retorno de «la fiesta más bonita que nunca hubiera imaginado» y lo enmarcó como «una victoria colectiva del independentismo», aunque aclaró que no se trata de la victoria definitiva. La tesis central de su discurso fue que el exilio no fue una huida, sino una estrategia deliberada: sin él, sostuvo, no habría existido presión internacional suficiente para que el Congreso aprobara la ley de amnistía. «Los siete votos eran importantísimos, pero la amnistía necesitaba un campo abonado, y se ha ido abonando desde el exilio», afirmó.

El exconseller cerró su intervención reivindicando la continuidad del proyecto independentista y defendiendo que la independencia de Catalunya «sigue siendo un objetivo posible por alto que sea el precio». Una declaración que subraya que su regreso no implica moderación de posiciones, sino la voluntad de proseguir la misma hoja de ruta desde el territorio.

Un retorno que no cierra ningún debate

La vuelta de Comín se produce en un momento en que la amnistía aún no ha desplegado todos sus efectos jurídicos y mientras Carles Puigdemont —el tercero de los dirigentes en el extranjero— no ha fijado fecha para su propio retorno. El exconseller, que mantuvo su escaño en el Parlamento Europeo durante todos estos años desde Bruselas, pasa ahora a desarrollar su actividad política desde Catalunya, aunque su agenda inmediata no fue concretada en el acto de Portbou.