El domingo amaneció en el centro de Barcelona con los cristales rotos como prueba más visible de los altercados del sábado por la noche, cuando grupos de jóvenes convocados a través de redes sociales protagonizaron saqueos y destrozos en torno a la plaza de Catalunya y el Passeig de Gràcia. Olman e Isaías, dos operarios de seguridad, llevaban en pie desde primera hora: a las 7 de la mañana del sábado ya habían comenzado a proteger con planchas de madera las tres tiendas Zara del centro, anticipándose a los disturbios.

El trabajo de blindaje de cada establecimiento requiere entre cuatro horas y la participación de cinco a ocho personas, según explicaron ambos trabajadores. La última sucursal que cubrieron fue la de la calle Pelai, donde terminaron de colocar la protección cuando ya había oscurecido y los primeros grupos de jóvenes saqueadores comenzaban a congregarse en las inmediaciones.

Gafas, zapatillas de marca y material informático, los objetivos preferidos

Los encapuchados que participaron en los saqueos dirigieron su atención principalmente hacia tres tipos de productos: gafas de alta gama, calzado deportivo de marca y equipamiento informático. La tienda de Ray-Ban del Passeig de Gràcia amaneció con el escaparate destrozado y los mostradores vacíos; también sufrieron la rotura de cristales la Óptica 2000 de la calle Pelai, una zapatería contigua y la tienda de Pandora. El Starbucks de la misma zona apareció igualmente con la cristalera rota, y en el Zúrich uno de los toldos de la terraza apareció quemado.

La tienda de PcComponentes, donde varios medios de comunicación instalaron conexiones en directo, fue una de las más afectadas: una patrulla de los Mossos d'Esquadra montaba guardia junto al establecimiento desvalijado. El Foot Locker de la plaza de Catalunya, uno de los objetivos más buscados dado el interés de los asaltantes por las zapatillas de marca, logró mantenerse intacto gracias a las planchas de madera que lo cubrían.

Las marquesinas del Aerobus y varias paradas de autobús de TMB en la zona también resultaron dañadas. Turistas con maletas que debían coger el aeropuerto temprano transitaban junto a los restos de los disturbios, mientras otros visitantes recorrían las calles fotografiando los desperfectos.

"Entran hoy y salen mañana": la queja por la respuesta judicial

Isaías resumió con frustración la sensación de muchos comerciantes y trabajadores del sector: "No les pasará nada, entran hoy y salen mañana y muchos son menores, y los gastos de los daños son para los propietarios". Su reflexión apunta a una preocupación recurrente en episodios similares: la percepción de que las consecuencias penales para los participantes, especialmente los más jóvenes, resultan escasas frente al coste material que soportan los negocios afectados.

Sobre el origen de los disturbios, el mismo operario apuntó a un eventual efecto de imitación de los episodios de violencia urbana registrados recientemente en Francia. Si la situación se repite, advirtió, el sector del blindaje de comercios no tendrá falta de trabajo: "Y ahora vendrá pronto una huelga", añadió, anticipando nuevas convocatorias con potencial de generar altercados.