El ministro de Transportes y Movilidad Sostenible, Óscar Puente, ofreció su dimisión a Pedro Sánchez a raíz del accidente-ferroviario" class="ia-tag-link">accidente ferroviario ocurrido el pasado miércoles, un gesto que el presidente del Gobierno rechazó argumentando que apartarle sería una decisión «injusta».

La secuencia, confirmada este viernes 30 de octubre, revela la tensión política que ha generado el siniestro en el seno del Ejecutivo, aunque el desenlace ha sido el de la continuidad de Puente al frente de la cartera. Sánchez optó por mantener a su ministro en el cargo, eludiendo así la asunción de responsabilidades políticas directas por la gestión del sistema ferroviario bajo su mandato.

La decisión del presidente, más política que institucional

El rechazo de Sánchez a la dimisión de Puente cierra, al menos de momento, el debate sobre la continuidad del ministro, pero no resuelve las preguntas de fondo que ha abierto el accidente: cuál fue el estado de las infraestructuras implicadas, si hubo fallos en los protocolos de seguridad y qué responsabilidades caben en la cadena de mando del ministerio. El argumento presidencial de que la dimisión sería «injusta» no va acompañado, por el momento, de ninguna explicación técnica sobre las causas del siniestro ni de anuncio de medidas correctoras concretas.

La gestión del sistema ferroviario español ha estado marcada en los últimos años por retrasos crónicos, interrupciones de servicio y una sucesión de incidentes que han deteriorado la confianza de los usuarios. Que el propio titular del ramo haya considerado necesario ofrecer su cabeza —aunque sea como gesto protocolario— es, en sí mismo, un indicador de la gravedad con que el ministerio ha vivido internamente este nuevo episodio.