El ministro de Transportes, Óscar Puente, compareció este miércoles ante los medios de comunicación desde el centro de control de Adif en Atocha para dar su versión de la tragedia ferroviaria que ha costado la vida a 64 personas en la provincia de Toledo, y dejó claro desde el primer momento que no tiene intención de dimitir. «En este momento estoy pensando en esclarecer lo ocurrido, no estoy pensando en mí», afirmó el ministro socialista.

Según el relato que ofreció Puente, la secuencia de hechos comenzó en torno a las 8:30 horas, cuando el sistema de seguridad LZB —que supervisa y regula la circulación de trenes en alta velocidad— sufrió un fallo informático en un tramo de 63 kilómetros. Ese fallo provocó la detención automática de todos los trenes en ese corredor, tal y como está previsto en los protocolos de seguridad, y trasladó el control de la circulación al Centro de Operaciones de Atocha.

Veinticinco kilómetros a hasta 200 km/h con el LZB caído y un tren parado

A las 8:36 horas, desde ese centro se ordenó al tren de Renfe —el que posteriormente colisionaría con el convoy de Iryo— que reanudara la marcha con normalidad. Puente subrayó que ese tren «tenía obligatoriamente que detenerse» según la documentación operativa vigente, y que la autorización para reanudar la marcha se dio sin que el sistema LZB hubiera sido restablecido y con una señal roja visible a la entrada de la estación de Hurta. El protocolo exigía, en todo caso, circular a un máximo de 40 km/h para permitir al maquinista detener la composición ante cualquier obstáculo en la vía. Nada de eso se cumplió.

Durante los diecisiete minutos siguientes, el tren de Renfe recorrió 25 kilómetros alcanzando velocidades de hasta 200 km/h, mientras el convoy de Iryo permanecía detenido en la vía. El impacto fue inevitable. El ministro reconoció que el centro de control tuvo «tiempo más que suficiente para constatar el error» antes de la colisión y que, aun así, no actuó para corregirlo.

Puente señala a «una persona» y luego matiza que no atribuye responsabilidades

A lo largo de la rueda de prensa, Puente oscilo entre la precisión técnica y la cautela jurídica. En un primer momento, habló de «decisiones inexplicables» tomadas por «una persona» del centro de control —en referencia explícita al operario que autorizó la reanudación—, pero, ante las preguntas de los periodistas, se desdijo parcialmente: «No he atribuido responsabilidades a nadie; he narrado hechos constatables objetivamente». La distinción, en cualquier caso, resulta cuando menos discutible, dado que su propio relato dibujaba una cadena de errores operativos con un responsable concreto en el origen.

El ministro también confirmó que ni él ni el resto de la cadena de mando han hablado con el maquinista del tren implicado, alegando que la gravedad del asunto y las posibles responsabilidades penales aconsejan dejar actuar a la investigación. «Esta persona ahora está sometida a lo que la investigación determine», señaló Puente, aunque la secuencia que él mismo describió apunta con claridad hacia las decisiones del centro de control de Atocha más que hacia la actuación del maquinista.

La pregunta sobre la dimisión planeó durante toda la comparecencia. El accidente de Toledo es el más grave del ferrocarril español en años y se produce bajo la tutela del ministerio que dirige Puente y de Adif, el gestor público de la infraestructura ferroviaria dependiente de ese departamento. Vox y el PP reclamaron explicaciones y exigieron que el ministro asuma responsabilidades políticas por el fallo de un organismo bajo su supervisión. Puente rechazó esa vía y optó por centrar el foco en los errores operativos del centro de control.