Los controladores aéreos del aeropuerto de Barcelona-El Prat han lanzado una advertencia sobre el estado de las infraestructuras del aeródromo barcelonés: según el sindicato USCA, las sucesivas decisiones de ahorro y privatización de Aena están debilitando las capas de protección que garantizan la seguridad de los vuelos, en un momento en que el transporte ferroviario atraviesa una grave crisis de fiabilidad.

El detonante más reciente fue un doble fallo eléctrico registrado el 6 de octubre en la propia torre de control, que provocó cancelaciones y retrasos considerables. Lo que más preocupa al sindicato no es el corte en sí, sino que el sistema de respaldo eléctrico —diseñado exactamente para evitar que ese tipo de incidencias tengan consecuencias— tampoco respondió con normalidad. Para los controladores, este incidente no fue aislado: en agosto se había producido otro episodio similar en las mismas instalaciones.

Dos fallos en dos meses sin explicación oficial

Pau Marí, portavoz de la Unión Sindical de Controladores Aéreos (USCA), señala que Aena todavía no ha facilitado una explicación detallada sobre lo ocurrido en octubre. Las hipótesis que barajan los propios controladores son dos: que el sistema de alimentación de emergencia no llegara a activarse cuando se cortó el suministro principal, o que, una vez en marcha, agotara su autonomía —los equipos funcionan con gasoil— sin que nadie lo advirtiera a tiempo. Que una infraestructura crítica haya sufrido el mismo tipo de avería dos veces en menos de dos meses sin que la empresa gestora haya dado explicaciones es, en palabras de Marí, «inadmisible».

En ambas ocasiones fue el factor humano —los propios controladores— quien evitó que los incidentes derivaran en situaciones de mayor gravedad. Ese detalle, lejos de tranquilizar al sindicato, refuerza su argumento: cuando los sistemas automatizados fallan, la seguridad recae en última instancia sobre las personas, lo que supone una presión adicional sobre unos equipos que denuncian que su propia formación se ha degradado.

Aena, acusada de anteponer el dividendo a la seguridad

Marí señala directamente a Aena como responsable del deterioro. Según el portavoz sindical, el gestor aeroportuario público ha derivado en los últimos años hacia una lógica de maximización del beneficio para el accionista que ha ido en detrimento de la calidad del servicio y de la inversión en mantenimiento. La empresa pública cotiza en bolsa desde 2015 y reparte dividendos regularmente.

Para ilustrar la situación, Marí recurre a la llamada teoría del queso suizo, habitual en los análisis de seguridad en aviación: cada barrera de protección equivale a una loncha de queso con sus agujeros propios; la seguridad del sistema depende de que esos agujeros nunca queden alineados al mismo tiempo. «Últimamente se están laminando esas lonchas», afirma el portavoz, en referencia a que las barreras se están adelgazando o suprimiendo, aumentando el riesgo de que un fallo encadene otro.

La formación de controladores, otro foco de preocupación

Más allá del mantenimiento de las instalaciones, el sindicato apunta a otro factor de riesgo: el cambio en el modelo de formación de los controladores aéreos. Hace unos años, la preparación duraba cerca de dos años, se impartía en una escuela pública y contaba con becas. Hoy, según USCA, se ha privatizado completamente, la duración se ha reducido a siete meses en algunos casos y las empresas del sector compiten por acortar los plazos. «La capa de seguridad sigue existiendo, pero ya no tiene la misma consistencia», advierte Marí.

El paralelismo con la crisis ferroviaria resulta evidente para los controladores: en el accidente de Urda también falló el sistema secundario de protección —el mecanismo LZB de señalización automática— que debía actuar precisamente cuando el sistema principal no funcionaba. En ambos ámbitos, la preocupación de los profesionales no apunta solo al fallo inicial, sino a la fragilidad de los sistemas concebidos para contenerlo.