España se ha convertido en el país con más muertos en accidentes de alta velocidad de la historia. Los dos siniestros registrados en 2026 —en Adamuz, en enero, con 46 víctimas, y en Urda, en Toledo, con 69— elevan el total nacional a 115 fallecidos, el 68% de todas las muertes documentadas en trenes de alta velocidad que circulaban por vías y con sistemas exclusivos de este tipo en todo el mundo.

El balance global asciende a 169 víctimas. Fuera de España, los países que registran fallecidos en estas circunstancias son China, con 41 muertes repartidas en dos accidentes, Francia, con 11, e Italia, con 2. En total, el resto del mundo suma 54 víctimas, apenas el 32% del global. En apenas nueve meses, España ha protagonizado el peor año de la historia mundial para la alta velocidad ferroviaria.

El ministro Puente califica los accidentes de «inverosímiles» mientras sube el número de víctimas

El titular del Ministerio de Transportes, Óscar Puente, describió el accidente de enero como «tremendamente extraño» y el de Urda como algo «inverosímil». Ambos siniestros se han producido bajo su etapa al frente del ministerio y en una red que, con 3.982 kilómetros de vías de alta velocidad, es la segunda más extensa del mundo, solo por detrás de la china, que supera los 50.400 kilómetros.

Hasta 2026, España no había registrado ningún accidente mortal en alta velocidad en vías exclusivas. El contraste resulta especialmente llamativo porque el único precedente de dos catástrofes en un mismo país es el de China, que las tuvo separadas por más de una década: en julio de 2011, un fallo de señalización tras el impacto de un rayo provocó un choque entre dos convoyes cerca de Wenzhou con 40 muertos y cerca de 200 heridos; once años después, en junio de 2022, un maquinista murió al impactar su tren contra un desprendimiento de tierra en Guizhou, con solo 8 heridos entre los pasajeros gracias a la actuación rápida del conductor.

El contexto internacional: cinco países, 169 muertos en toda la historia de la alta velocidad

El accidente más mortífero de la historia del ferrocarril de alta velocidad fuera de España tuvo lugar en Francia en noviembre de 2015, cuando un TGV en pruebas descarriló en Eckwersheim al superar los 250 km/h en una curva con un límite de 176 km/h, causando 11 muertos y 21 heridos graves. En Italia, en febrero de 2020, un Frecciarossa descarriló cerca de Livraga por un error de cableado, con la muerte de los dos maquinistas.

Quedan fuera de este recuento estadístico los accidentes que no cumplen estrictamente los criterios de vías y sistemas exclusivos de alta velocidad. Entre ellos figura el siniestro de Angrois, en julio de 2013, el más grave de la historia ferroviaria reciente española, con 80 víctimas, o el de Eschede, en Alemania, en 1998, donde 101 personas perdieron la vida tras la rotura del aro metálico de una rueda de un ICE. Con todo, incluso el siniestro alemán, el más mortífero del ferrocarril moderno europeo, queda por debajo de la suma de víctimas de Adamuz y Urda.