El Sindicato Ferroviario ha salido con dureza al paso de la versión oficial del Gobierno tras el último accidente-ferroviario" class="ia-tag-link">accidente ferroviario. Su secretario general, Rafael Escudero, ha denunciado que en el Centro de Regulación de Circulación de Atocha solo había un agente de turno —cuando la normativa exige dos— para gestionar una malla de 22 trenes en el momento del siniestro. Para el sindicato, invocar el «error humano» como causa única es una maniobra del Ejecutivo de Pedro Sánchez para esquivar las responsabilidades técnicas y políticas que, a su juicio, le corresponden.

«Es la manera más fácil de eludir responsabilidades», ha afirmado Escudero en declaraciones al programa La noche de Cuesta. El dirigente sindical sostiene que en el siglo XXI resulta inadmisible que no exista ningún sistema de respaldo capaz de neutralizar un error humano, y que si ese sistema no existe o no funciona, la responsabilidad recae directamente sobre quienes gestionan la infraestructura y fijan los protocolos. «22 trenes en la malla, que hay que regular, no los puede gestionar una persona sola. Eso es una negligencia grave», ha subrayado.

El sistema LZB lleva meses fallando y el Gobierno lo sabía

Escudero ha apuntado a otro foco de alarma: el sistema de geolocalización y control de velocidad LZB, que según el sindicato no es un problema nuevo sino un mal crónico. El secretario general ha asegurado que las caídas de este sistema son frecuentes desde hace tiempo en tramos críticos como La Sagra o el corredor entre Córdoba y Sevilla, obligando a los trenes a circular con severas restricciones de velocidad o a detenerse por completo, con los consiguientes retrasos. El Gobierno, a su juicio, conocía perfectamente esta situación.

La alternativa ya existe —el sistema ERTMS, más moderno y seguro— pero su implantación sigue aplazándose. Mientras tanto, el sindicato denuncia que la respuesta institucional ante las incidencias técnicas no es reforzar la seguridad sino presionar a los centros de regulación para que pongan los trenes en marcha cuanto antes, anteponiendo la puntualidad a la seguridad. «Se prioriza la producción por encima de la seguridad», ha dicho Escudero, describiendo una cultura interna de presión que, a su entender, eleva el riesgo de accidente en cada incidencia.

Los compromisos firmados tras el accidente de Adamuz, papel mojado

El dirigente ha traído a la memoria el accidente de Adamuz, ocurrido nueve meses antes, y el acuerdo alcanzado en febrero en el que el Gobierno se comprometió a una serie de medidas correctoras. Según Escudero, ninguna de ellas se ha aplicado: las limitaciones de velocidad siguen vigentes, las vibraciones en la infraestructura persisten y el refuerzo de plantilla en los centros de regulación no se ha producido. La reunión prevista para abordar el cuadro de servicio y la falta de cobertura de turnos estaba, de hecho, convocada para esa misma jornada.

El sindicato también ha exigido una revisión exhaustiva de los canales de comunicación entre el CRC y el personal de conducción, después de que surgieran contradicciones en torno a los avisos previos al siniestro. Escudero ha advertido de que los trabajadores no van a aceptar que se señale a un compañero como único responsable cuando, a su entender, el accidente es el resultado acumulado de recortes de personal, tecnología obsoleta sin relevo y protocolos que no funcionan.