Claves
- Illa pierde una consellera y tres secretarios generales a mitad de mandato
- El Govern llegó prometiendo estabilidad y gestión como seña de identidad
- Las bajas apuntan a problemas internos de cohesión del equipo gubernamental
- El frente soberanista está tranquilo, pero el desgaste es interno
Salvador Illa prometió al llegar a la Generalitat que su etapa estaría marcada por la normalidad institucional y la concentración en la gestión pública. El lema era claro: unir y servir, alejarse de las turbulencias del procés y demostrar que Catalunya podía tener un gobierno centrado en los servicios y en la administración cotidiana. A mitad de mandato, ese diagnóstico inicial resulta difícil de sostener.
El Govern ha encadenado una crisis tras otra y ya ha registrado la salida de una consellera y de tres secretarios generales, una sangría de cargos que, en tan poco tiempo, es difícil de atribuir exclusivamente a la casualidad o a decisiones personales ajenas a la dinámica interna del ejecutivo.
Una estabilidad que no termina de cuajar
La ventaja comparativa que ofrecía el PSC frente a los gobiernos de ERC y Junts era, precisamente, la promesa de un ejecutivo sin sobresaltos, sin la presión de la agenda soberanista y sin los desgastes propios de coaliciones frágiles. Esa promesa de estabilidad se ha convertido en el principal talón de Aquiles del president: las expectativas creadas hacen que cada baja, cada fricción interna, adquiera un peso simbólico mayor del que tendría en otro gobierno.
La renuncia de la consellera y las tres dimisiones en secretarías generales apuntan a dificultades en la gestión interna del equipo, más allá de disputas ideológicas visibles. Cuando los problemas se acumulan en el organigrama técnico-político —los secretarios generales son piezas clave en el funcionamiento real de cada departamento—, la maquinaria del Govern se resiente, por mucho que desde el Palau se insista en que cada salida responde a circunstancias individuales.
El relevo independentista, en pausa; los problemas de gestión, en marcha
Hay un dato que sí juega a favor de Illa: el escenario soberanista no ha repuntado. El espacio político catalán no vive ningún revival del procés, lo que despeja la principal amenaza que el PSC tenía en el horizonte cuando llegó al gobierno. Pero esa calma en el frente identitario contrasta con la agitación interna del ejecutivo, lo que revela que los retos del Govern no son ideológicos sino de otra naturaleza: cohesión del equipo, liderazgo departamental y capacidad para retener talento en los puestos de responsabilidad.
Para un gobierno que hizo de la eficacia administrativa su argumento central de legitimidad, la acumulación de bajas en cargos clave es un problema de credibilidad que va más allá de la anécdota. La gestión no puede ser el sello de identidad de un ejecutivo que, al mismo tiempo, no logra estabilizar su propio organigrama.
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