El movimiento hutí ha reivindicado este sábado una ofensiva combinada con misiles y drones contra objetivos en Arabia Saudí que incluye, según sus propias comunicaciones, «lugares sensibles» de la capital, Riad, y las instalaciones de la petrolera Aramco en el puerto de Yanbu, a orillas del mar Rojo. Se trata del alcance geográfico más ambicioso que los hutíes han logrado —o al menos reclamado— desde que en julio se reanudó la fase activa de hostilidades con el reino saudí.

El episodio marca un salto cualitativo en el conflicto. Hasta ahora, los ataques de esta nueva etapa se habían concentrado en zonas fronterizas o en objetivos marítimos en el estrecho de Bab el-Mandeb y el mar Rojo. Dirigir la acción contra Riad —sede del gobierno y símbolo del poder de la monarquía— y contra Yanbu —nudo neurálgico de las exportaciones petroleras de Aramco— implica una voluntad de presión estratégica sobre los pilares del Estado saudí que va más allá de la guerra de desgaste habitual.

Aramco y Yanbu, un objetivo de alto valor económico

El puerto de Yanbu es una de las terminales de exportación de crudo más importantes del mundo. Allí confluyen oleoductos que cruzan la península arábiga de este a oeste, concebidos precisamente para reducir la dependencia del estrecho de Ormuz. Un daño significativo en esas instalaciones tendría repercusiones inmediatas en los mercados internacionales de energía, aunque Arabia Saudí no ha confirmado ni el alcance real del ataque ni los posibles daños materiales.

Por su parte, el gobierno saudí no ha emitido hasta el momento una declaración oficial detallada sobre los incidentes, lo que dificulta verificar de forma independiente las afirmaciones hutíes. El movimiento yemení tiene un historial de reivindicaciones que en ocasiones exageran el impacto real de sus operaciones, pero también de ataques que han causado daños económicos y simbólicos de primera magnitud, como el que en 2019 paralizó temporalmente casi la mitad de la producción de crudo saudí.

Una escalada que tensiona toda la región

El conflicto entre los hutíes —respaldados por Irán— y la coalición liderada por Arabia Saudí lleva más de una década sacudiendo Yemen y proyectando inestabilidad sobre todo el entorno del golfo Pérsico y el mar Rojo. La nueva fase iniciada en julio se enmarca también en el contexto de la tensión regional derivada del conflicto en Gaza, que los hutíes han utilizado como justificación pública para intensificar sus operaciones contra intereses estadounidenses, israelíes y saudíes en la zona.

La comunidad internacional observa con preocupación cómo el radio de acción de los hutíes se amplía. Atacar la capital de Arabia Saudí —aunque sea de forma simbólica o con daños limitados— tiene un valor de propaganda indudable para el grupo y complica los esfuerzos diplomáticos que en los últimos meses habían intentado reconducir el conflicto yemení hacia algún tipo de negociación.