Barcelona afronta una nueva amenaza de disturbios coincidiendo con la noche de Halloween. Según la información disponible, una convocatoria en línea llama a aprovechar el anonimato que proporcionan los disfraces para protagonizar altercados en la ciudad, una táctica que preocupa a las fuerzas de seguridad ante la masiva afluencia de personas a la vía pública en esas fechas.

El contexto no es nuevo: un informe elaborado por la empresa de análisis Golden Owl confirma que la red conocida como Blocus —vinculada a la organización de protestas radicales— inició la planificación de los disturbios del sábado pasado con más de una semana de antelación, concretamente el 19 de octubre. Ese margen de tiempo revela un nivel de organización y premeditación que va más allá de la espontaneidad que sus promotores suelen alegar públicamente.

Blocus y el patrón de movilización encubierta

La metodología que atribuye el informe de Golden Owl a la red Blocus sigue un esquema recurrente: coordinación previa en canales digitales, convocatorias difusas que dificultan la intervención policial anticipada y aprovechamiento de fechas con gran concentración de ciudadanos. La coincidencia con Halloween añade un elemento adicional que complica la identificación de los participantes en eventuales actos vandálicos, dado que el disfraz actúa como cobertura natural.

Las autoridades deberán calibrar el despliegue de los Mossos d'Esquadra en una jornada en que la ciudad ya registra de por sí una presencia policial reforzada por el volumen de celebraciones en la calle. La pregunta que queda en el aire es si el Govern y la conselleria d'Interior habrán sacado lecciones operativas de los incidentes del sábado anterior o si volverán a llegar por detrás de los acontecimientos.