Catalunya cierra la temporada de baño 2024 con el peor balance de ahogamientos mortales desde 2014. Protección Civil ha contabilizado 43 fallecidos entre el 15 de junio y el 15 de septiembre, el período considerado temporada oficial de baño. Si se extiende el cómputo a todo el año, la cifra asciende a 54 víctimas mortales, lo que sitúa este ejercicio como el más trágico en diez años en lo que a muertes por inmersión se refiere.

Los datos, recogidos por Protecció Civil de la Generalitat, revelan una tendencia preocupante que va más allá de la mera estadística anual. El hecho de que la cifra haya alcanzado un máximo histórico en un período de una década obliga a revisar la eficacia de los dispositivos de prevención y vigilancia desplegados tanto en playas como en espacios acuáticos interiores —ríos, pantanos y piscinas— donde históricamente se concentra una parte significativa de los accidentes mortales fuera del litoral.

Un problema que no se limita a la costa

Aunque el imaginario colectivo asocia los ahogamientos al mar, buena parte de las muertes por inmersión en Catalunya se producen en entornos fluviales y en espacios de baño no vigilados. Los ríos, especialmente en zonas de interior frecuentadas durante los meses de verano, concentran un porcentaje relevante de los siniestros, en muchos casos agravados por la falta de señalización, la ausencia de socorristas y el desconocimiento de los bañistas sobre las condiciones de la corriente o la profundidad.

El incremento respecto a años anteriores plantea interrogantes sobre la suficiencia de los recursos destinados a la prevención. La Generalitat cuenta con el Plan de Seguridad Acuática, pero los datos de esta temporada sugieren que su alcance —o su implementación sobre el terreno— no ha sido suficiente para revertir la tendencia al alza que se venía observando en los últimos años.

El perfil más vulnerable sigue siendo el de los hombres adultos, que estadísticamente representan la mayoría de las víctimas por ahogamiento, frecuentemente en situaciones de riesgo asumido o en espacios sin control. La sobreestimación de las propias capacidades en el agua y el consumo de alcohol son factores recurrentes que los servicios de emergencias señalan temporada tras temporada sin que se hayan traducido en campañas de prevención verdaderamente efectivas a escala territorial.