El índice de precios de consumo (IPC) en Catalunya cerró agosto con una subida del 4% en tasa anual, el dato más elevado registrado en el territorio desde enero de 2023. El principal factor que explica este repunte es el encarecimiento de los combustibles, cuyo peso en la cesta de la compra energética arrastra al alza el coste de vida de las familias catalanas. Así lo reflejan los datos publicados este martes por el Instituto Nacional de Estadística (INE).

Pese a la magnitud del incremento, la cifra catalana se sitúa por debajo de la media del conjunto de España, lo que indica que el impacto, aunque notable, es comparativamente algo menos intenso en Catalunya que en otras comunidades autónomas. Aun así, un IPC al 4% supone una presión real sobre el poder adquisitivo de los hogares, especialmente de aquellos con menor renta disponible, más expuestos a las variaciones en el precio de la energía y el transporte.

La energía, detonante de un repunte que corta la tendencia a la baja

El encarecimiento de los combustibles actúa como acelerador de una inflación que en los meses previos había mostrado una tendencia más contenida. La dependencia de las familias y las empresas del petróleo y sus derivados convierte cualquier tensión en los mercados energéticos en un golpe directo al bolsillo. Este mecanismo de transmisión —del precio del crudo al surtidor, y del surtidor a los costes de transporte y producción— es uno de los más rápidos y directos de toda la economía.

El dato de agosto rompe así una senda de moderación inflacionaria y vuelve a colocar la pérdida de poder adquisitivo en el centro del debate económico. Con el precio del dinero todavía elevado por la política monetaria del Banco Central Europeo, las familias catalanas encaran el inicio del otoño con una doble presión: hipotecas más caras y una cesta de la compra que no para de encarecerse.