Los Mossos d'Esquadra reconocieron que los disturbios registrados en los últimos días superaron cualquier previsión policial. La consellera de Interior, Núria Parlon, admitió que se trató de una violencia «nunca vista» y que los cuerpos de seguridad no contaban con indicios previos que permitieran anticipar la magnitud de los altercados. Pese a ello, anunció que el dispositivo del sábado actuará con total firmeza si se repiten los incidentes.

Parlon describió los hechos como un fenómeno inédito de «violencia juvenil» que no responde a los patrones habituales con los que trabajan las fuerzas de seguridad catalanas. La consellera expresó una preocupación directa: que episodios similares puedan producirse en la noche de la Castanyada, una fecha de alta afluencia en la calle y con especial presencia de jóvenes.

Parlon reconoce el fracaso del diagnóstico previo

La admisión de que los Mossos no previeron los disturbios pone en evidencia las carencias del sistema de inteligencia e información preventiva del cuerpo. Que la máxima responsable de Interior reconozca públicamente que se trató de una violencia «nunca vista» y que no había señales de alerta equivale a admitir que el aparato de seguridad llegó tarde y sin herramientas adecuadas para gestionar la crisis en sus primeras horas.

El Govern, que durante años ha priorizado el debate político sobre el territorial y la identitaria, se encuentra ahora ante un reto de orden público de naturaleza distinta: brotes de violencia protagonizados por jóvenes sin un relato político articulado detrás, lo que complica la respuesta tanto policial como institucional. La falta de un diagnóstico previo agrava esa dificultad.

De cara a la próxima jornada, los Mossos habrán reforzado el dispositivo con la instrucción explícita de actuar con contundencia ante cualquier rebrote. Si los incidentes se repiten pese a esa advertencia pública, la presión sobre Parlon y sobre el conjunto del Govern se intensificará de forma considerable.