El área metropolitana de Barcelona registró 1.587 muertes adicionales atribuibles al cambio climático durante el verano de 2026, según dos estudios publicados en la revista Nature Health por investigadores del Imperial College de Londres. Solo Milán, con 1.627 fallecimientos de este tipo, superó a Barcelona entre las grandes conurbaciones europeas analizadas.

El estudio analiza 854 zonas urbanas de Europa y estima que, en conjunto, el calor extremo atribuible al cambio climático causó unas 32.600 muertes adicionales de las más de 50.000 relacionadas con las temperaturas durante esos meses, lo que representa el 65% del total. A principios de este siglo, esa proporción se situaba en torno al 40%; en 2026 ha alcanzado casi dos tercios, un reflejo del avance sostenido del calentamiento global.

El 86% de las muertes por calor en Barcelona, vinculadas al calentamiento

En el área metropolitana de Barcelona, que cuenta con algo más de tres millones de habitantes censados, el estudio estima que el calor causó 1.842 muertes en total durante el verano. De ellas, el 86% se atribuye al calentamiento provocado por la actividad humana: de no haberse producido ese calentamiento, habrían fallecido 1.587 personas menos. La metodología no es un recuento directo de defunciones, sino que combina modelos estadísticos epidemiológicos con estudios de atribución climática, cruzando datos de mortalidad diaria y temperaturas con una reconstrucción del clima que habría existido sin emisiones de gases de efecto invernadero.

En el conjunto de España, los investigadores estiman que entre junio y agosto murieron 6.824 personas a causa del calor en 90 ciudades. De esos fallecimientos, 5.227 —el 77%— son achacables al cambio climático. Madrid fue la sexta ciudad europea con más muertes adicionales por esta causa. El verano en Europa Occidental registró temperaturas 2,9 ºC por encima de la media histórica, con una sucesión de olas de calor que golpearon con especial dureza a la población más vulnerable: personas mayores, niños de corta edad y pacientes con enfermedades previas.

Alerta científica sobre la población sana y el riesgo cardiovascular

Andrew Hartle, profesor de anestesia e intensivista del Imperial College de Londres, advirtió que las temperaturas extremas ya no afectan únicamente a los grupos de riesgo tradicionales. «Las temperaturas que observamos con cada vez mayor frecuencia representan una amenaza también para las personas sanas», señaló. Según Hartle, la exposición al calor intenso provoca deshidratación y una sobrecarga progresiva sobre los sistemas cardiovascular y renal, especialmente grave en quienes ya padecen otras patologías.

Clair Barnes, investigadora en el Centro de Política Ambiental del Imperial College, subrayó que estas cifras deben traducirse en medidas concretas: tanto en intervenciones específicas de protección para los colectivos más vulnerables como en el abandono acelerado de los combustibles fósiles. Las temperaturas globales han subido ya 1,4 ºC desde la época preindustrial; en Europa, el incremento ha sido el doble.