El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha ratificado su apoyo al ministro de Transportes, Óscar Puente, tras el accidente ferroviario que ha desatado una oleada de peticiones de dimisión procedentes tanto de la oposición como de algunos de los partidos que sostienen la mayoría parlamentaria del Ejecutivo. Sánchez ha rechazado que Puente deba asumir responsabilidades políticas por lo que el Gobierno califica como un fallo de carácter técnico.

La respuesta de los socios del Gobierno ha tensado la situación. La exalcaldesa de Barcelona Ada Colau ha sido la más contundente al reclamar la salida inmediata del titular de Transportes. Por su parte, ERC y el PNV han exigido que se depuren responsabilidades, aunque sin fijar un ultimátum tan explícito. Las tres formaciones son clave para la estabilidad parlamentaria del Ejecutivo de coalición.

Puente, en el ojo del huracán tras el accidente

El ministro Óscar Puente ya había concentrado críticas previas por la situación del servicio ferroviario, especialmente en lo relativo a Rodalies y a las incidencias recurrentes en la red gestionada por Adif y Renfe. El accidente ha acelerado la presión sobre su figura y ha convertido la cuestión de las responsabilidades en el debate político central de la semana.

El PP y Vox también han reclamado la dimisión del ministro y han cuestionado el estado de la red ferroviaria bajo su gestión, aunque la singularidad política del momento reside en que son los propios socios del Gobierno quienes elevan el tono por primera vez de forma pública y coordinada contra un miembro del Consejo de Ministros.

Sánchez ha insistido en que las responsabilidades técnicas y las políticas son categorías distintas y ha descartado cambios en el Gabinete. Con todo, la acumulación de voces críticas dentro del bloque que sostiene al Ejecutivo añade presión a una situación que el presidente había intentado gestionar como una crisis de gestión operativa, no como una crisis política de primer orden.