Salvador Illa salió al paso este miércoles en el Parlament de Catalunya de las críticas de la oposición al ministro de Transportes, Óscar Puente, calificándolo de amigo personal y defendiendo su gestión al frente del ministerio. «Es sincero, da la cara y trabaja», afirmó el president de la Generalitat en la cámara catalana, en lo que supone uno de los respaldos más explícitos que ha expresado públicamente hacia un miembro del Gobierno de Pedro Sánchez.

Illa reivindicó las inversiones realizadas en Rodalies durante los gobiernos del PSOE como argumento central frente a quienes cuestionan el estado del servicio ferroviario de cercanías en Catalunya. El president apeló a los datos de inversión en la red para contrarrestar las denuncias de la oposición, aunque sin detallar cifras concretas en sus intervenciones recogidas por los medios.

Una defensa que llega tras meses de presión sobre el servicio de Rodalies

El respaldo de Illa a Puente se produce en un contexto de continuas quejas ciudadanas e institucionales por las deficiencias en el servicio de Rodalies, una red que acumula años de retrasos, averías e incidencias que afectan a centenares de miles de usuarios cada día en el área metropolitana de Barcelona y en otras demarcaciones catalanas. La oposición ha convertido el estado de las cercanías en uno de sus principales frentes de desgaste contra el Govern y contra el Ejecutivo central.

La intervención de Illa en el Parlament busca, en ese sentido, trazar una línea de continuidad entre la acción del Govern socialista catalán y la del Ministerio de Transportes, presentando ambas gestiones como parte de un mismo compromiso inversor. Sus críticos, sin embargo, señalan que los problemas estructurales de la red persisten con independencia del partido que ocupe el poder central, y que Catalunya sigue sin ver materializadas mejoras sustanciales en la puntualidad y la frecuencia del servicio.

El ministro Puente ha protagonizado en los últimos meses diversas polémicas por sus declaraciones públicas, lo que ha generado presión sobre los aliados del Gobierno para que tomen distancia o, al contrario, le expresen su apoyo. Illa ha optado claramente por la segunda vía, en una muestra de cohesión con el PSOE que no ha pasado desapercibida en un Parlament donde las críticas a la gestión ferroviaria son transversales.