Óscar Puente anunció este martes su dimisión como ministro de Transportes y confirmó que no figurará en las listas del PSOE para las elecciones del 29 de noviembre. Lo hizo ante la Diputación Permanente del Congreso, al término de una sesión en la que durante cuatro horas encajó las peticiones de dimisión de la oposición y de los propios socios del Gobierno.

El ministro saliente justificó su renuncia con un argumento directo: a su juicio, resulta inasumible seguir al frente de la cartera de Transportes después de que el sistema ferroviario español haya registrado dos accidentes de gravedad en menos de un año. El detonante inmediato fue el siniestro de Urda, en la provincia de Toledo, que dejó 69 víctimas mortales, el más letal de los dos. El anterior se produjo en Adamuz. Entre ambos siniestros, el balance supera el centenar de fallecidos.

Cuatro horas de presión antes del anuncio

Puente entró a la Diputación Permanente conociendo ya su propia decisión, pero la guardó durante toda la comparecencia. Fue al final, después de escuchar los reproches de los grupos parlamentarios, cuando comunicó tanto la dimisión como su renuncia a encabezar ninguna candidatura socialista. Usó la palabra «dignidad» para explicar ambas decisiones y se despidió agradeciendo el respaldo de su equipo y del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.

La crisis ferroviaria viene lastrando al ministerio desde hace meses. Las sucesivas averías en la red de Renfe y en Adif, las críticas por la gestión de las infraestructuras y la presión parlamentaria acumulada habían convertido a Puente en uno de los ministros más cuestionados del Ejecutivo, tanto desde la derecha como desde los aliados parlamentarios del PSOE.

Presión política cruzada

La sesión en la Diputación Permanente concentró las exigencias de partidos de distinto signo. La oposición venía reclamando la cabeza del ministro desde el accidente de Urda; los socios de investidura se sumaron a las críticas en un contexto en que la gestión de la red ferroviaria había pasado a ser un asunto de primer orden en la agenda política. La confluencia de esas presiones, junto al peso de los datos —dos catástrofes en el transporte por ferrocarril en el plazo de un año— hizo insostenible la continuidad de Puente en el cargo.