El primer día del curso escolar 2026-2027 en Catalunya no ha transcurrido con normalidad. Una nueva huelga de docentes, convocada por los sindicatos que mantienen abierto su conflicto con el Departament d'Educació, ha obligado a numerosos centros educativos a funcionar con servicios mínimos desde primera hora de la mañana.

Las movilizaciones no son nuevas: los sindicatos críticos con la conselleria llevan meses denunciando que el contencioso con el departamento está completamente encallado, sin avances significativos en la negociación. La vuelta de las aulas ha servido de palanca para retomar la presión justo cuando familias y alumnos esperaban un inicio de curso sin sobresaltos.

Un conflicto que el Govern no ha sabido desactivar

Lo llamativo de la situación es que el Departament d'Educació ha tenido todo el verano para buscar una salida negociada al conflicto con la comunidad docente. Sin embargo, el inicio del nuevo curso ha llegado sin acuerdo, y los sindicatos han optado por volver a la huelga como primera respuesta, no como último recurso. El hecho de que muchos centros hayan abierto con servicios mínimos el primer día del año lectivo es una imagen difícil de justificar para una conselleria que gestiona uno de los pilares fundamentales del Estado del bienestar en Catalunya.

La afectación concreta a los alumnos —especialmente a los de menor edad, más dependientes de la presencialidad y de la atención directa del profesorado— queda sin cuantificar en los datos disponibles, pero la presencia de servicios mínimos en múltiples centros indica que el alcance de la juelga ha sido más que simbólico.