Salvador Illa eligió el discurso institucional de la Diada para lanzar un mensaje de clara intención política: sin citar en ningún momento a Aliança Catalana ni a su líder, Sílvia Orriols, el presidente de la Generalitat articuló toda su intervención como una respuesta directa al avance de una formación que ha puesto el rechazo a la inmigración y la identidad nacional en el centro de la conversación política catalana. «En nuestra casa el odio no tiene cabida», proclamó desde el Palau de la Generalitat.

El socialista construyó su mensaje alrededor de la idea de una Cataluña plural, integradora y cohesionada. Afirmó que «nadie es más catalán que nadie» y reivindicó la trayectoria histórica de una sociedad que ha incorporado a personas llegadas de Andalucía, Extremadura, Marruecos o Colombia hasta hacerles sentir «catalanes y catalanas de pleno derecho». Para Illa, esa capacidad de integración es, en sus palabras, «admirable y admirada en todo el mundo».

Un discurso con destinatario implícito

El contexto en el que se pronunció el mensaje le otorga una dimensión política que va más allá de lo protocolario. Aliança Catalana atraviesa un momento de crecimiento sostenido en las encuestas y ha profundizado las fracturas internas del independentismo, algo que quedó en evidencia la víspera de la Diada con los incidentes registrados en el Fossar de les Moreres, donde distintas facciones del movimiento independentista protagonizaron momentos de tensión. Los Mossos d'Esquadra llegaron a intervenir para impedir el acoso de grupos de izquierda radical contra simpatizantes de Aliança.

En ese clima, Illa advirtió de que no puede permitirse que «nada ni nadie ponga en peligro la convivencia en Cataluña» y contrapuso a los discursos de confrontación una apelación al «bien» y la «esperanza» como camino hacia un país «más humano y más fuerte». La estrategia del presidente es la de ocupar el centro del tablero identitario sin entrar en la lógica del debate soberanista: ni épica independentista ni catalanismo excluyente.

Tres ejes y una referencia a Tarradellas

El grueso del discurso se articuló en torno a tres conceptos: confianza, unidad y exigencia. Para reforzar el primero, Illa recuperó una cita del expresidente Josep Tarradellas y apostó por que Cataluña sea la «avanzadilla» del bienestar, la prosperidad y la democracia en España y Europa. La apelación a Tarradellas —figura de consenso y símbolo del retorno de la Generalitat tras el franquismo— no es neutral: sitúa a Illa en una tradición de catalanismo institucional y moderado, alejada del relato del procés.

En cuanto a la unidad, el presidente la invocó ante los grandes retos pendientes que apuntó expresamente: el rendimiento educativo —con las pruebas PISA como telón de fondo—, las infraestructuras, el acceso a la vivienda y la negociación del nuevo modelo de financiación autonómica. «Si cada uno se limita a su propio interés, Cataluña pierde. Si todos pensamos y actuamos en el conjunto del país, Cataluña gana», resumió. Una frase que, en un día como la Diada, también puede leerse como un guiño a quienes consideran que los años del procés subordinaron la agenda social a la agenda soberanista.