La Policía Nacional tuvo que escoltar y sacar por el puerto de Ceuta al líder de Se Acabó La Fiesta (SALF), Alvise Pérez, y a unos veinte integrantes del partido de extrema derecha Núcleo Nacional, después de que las concentraciones que ambas formaciones habían convocado este sábado en la plaza de los Reyes fueran abortadas por la presión de ciudadanos ceutíes de origen marroquí que acudieron a protestar contra su presencia.

Los incidentes comenzaron antes incluso del inicio del acto, previsto para las ocho de la tarde. Un grupo de vecinos increpó a Alvise cuando estaba en un establecimiento de la ciudad autónoma junto al agitador ultraderechista Vito Quiles, también presente en la jornada. Los asistentes le recriminaron que estaba instrumentalizando la crisis migratoria que atraviesa Ceuta: «Estamos sufriendo y vosotros os aprovecháis de la situación», le reprocharon. Otro vecino fue más contundente y le instó a abandonar la ciudad con su «racismo», aunque precisó que lo hacía en ejercicio de su libertad de expresión y sin violencia.

Evacuación entre cánticos y pitidos hasta el puerto

Al poco de arrancar la concentración, los agentes decidieron escoltar a Alvise hasta el puerto entre los coros de «fuera» que coreaban los contramanifestantes. Estos despidieron su marcha con consignas como «Ceuta unida, no dividida» y gritos de «Ceuta, Ceuta, Ceuta», subrayando su sentido de pertenencia a la ciudad. La misma secuencia se repitió con los veinte activistas de Núcleo Nacional —calificado como partido neonazi por múltiples organizaciones—, quienes también tuvieron que abandonar la plaza bajo escolta policial. Su trayecto hacia el embarcadero fue seguido por una caravana de motocicletas cuyos conductores no dejaron de pitar en señal de rechazo. La evacuación del grupo fue recibida por los manifestantes con cánticos de celebración.

Los agentes solicitaron en varias ocasiones a los contramanifestantes que se dispersaran, pero estos se negaron a retirarse hasta lograr que ambos grupos abandonaran la zona. En ningún momento se registraron altercados físicos graves, según la información disponible.

Mohamed, un residente ceutí de 27 años y origen marroquí, explicó a la agencia Europa Press su postura con matices: reconoció que entre la inmigración también hay «delincuentes» y que «hay que comportarse bien», pero defendió al mismo tiempo que los integrantes de Núcleo Nacional «se tienen que ir» de Ceuta. La frase resume bien el tono de unas protestas que, más allá de la defensa de la inmigración, reivindicaban también el sentido de pertenencia de una comunidad que lleva décadas arraigada en la ciudad autónoma.

La jornada se produce en un momento de fuerte tensión migratoria en Ceuta, lo que ha convertido la ciudad en escenario recurrente de movilizaciones de distintos sectores del espacio ultraderechista español. La respuesta vecinal de este sábado muestra que parte de la ciudadanía ceutí rechaza que su ciudad sea utilizada como plataforma de agitación política desde fuera.