La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha salido en apoyo de Pedro Sánchez en medio de la nueva crisis migratoria desatada por los graves incidentes registrados en Ceuta. El respaldo llega en un momento en que una parte significativa de la derecha y la ultraderecha europeas, encabezada por la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, ha intentado presentar la gestión del Ejecutivo español como una amenaza para la política migratoria común y, por extensión, para la integridad del espacio Schengen.

Las imágenes y las cifras de llegadas registradas en la primera jornada de la crisis habían disparado las alarmas en varias cancillerías europeas y avivado las críticas al Gobierno de Sánchez, al que sus detractores en el Parlamento Europeo y en distintos gobiernos nacionales acusaban de permisividad en el control de sus fronteras exteriores. Ese relato, impulsado con fuerza desde Roma, encontraba eco en los grupos conservadores y de extrema derecha de la cámara comunitaria.

Meloni, palanca de presión sobre Madrid

La primera ministra italiana se ha convertido en la voz más activa dentro de la Unión Europea para exigir una respuesta más dura por parte de España. Meloni ha aprovechado la crisis de Ceuta para reeditar su perfil como referente de la línea dura en materia migratoria, reclamando que el incumplimiento de las obligaciones de control fronterizo por parte de un Estado miembro no puede quedar sin consecuencias para el conjunto del espacio comunitario de libre circulación.

La intervención de Von der Leyen en favor de Sánchez no solo pretende amortiguar esa presión política, sino también defender la coherencia institucional de la Comisión, que no puede permitirse que la gestión de las fronteras exteriores quede en manos del debate entre líderes nacionales sin una posición común articulada desde Bruselas. Con su respaldo, Von der Leyen evita que la crisis de Ceuta se convierta en un arma electoral para los sectores más críticos con la integración europea.

El episodio pone de relieve, una vez más, la fractura que atraviesa la Unión Europea en materia de asilo y migración: entre los países del sur, que soportan la mayor presión en las fronteras exteriores, y los del norte y el este, que exigen mayor rigor sin asumir una cuota equivalente de responsabilidad en la acogida.