Seat S.A. admitió este viernes públicamente lo que hasta ahora apenas se insinuaba en los despachos: mantener viva la marca Seat tras 2030 es una apuesta de rentabilidad dudosa. Sin pronunciar la palabra «cierre», la compañía reconoció en un comunicado oficial que los costes de la electrificación, el endurecimiento regulatorio europeo y la inversión exigida para desarrollar una nueva generación de modelos hacen que el análisis para seguir sosteniendo la enseña sea «cada vez más complejo». El futuro del histórico emblema queda así vinculado a la evolución de unas condiciones de mercado y normativas que, hoy por hoy, no juegan a su favor.

La nota llegó un día después de que el Consejo de Supervisión de Volkswagen aprobara por unanimidad el denominado Future Plan 2030, un ajuste estructural de calado que contempla reducir a la mitad la gama de modelos del grupo, eliminar el 75% de sus variantes y recortar en torno a 50.000 empleos en todo el mundo. El plan no incluyó ninguna resolución expresa sobre el destino de Seat, pero documentos internos publicados previamente por la revista alemana WirtschaftsWoche situaban el final de la marca ya en 2029.

Cupra, el centro de gravedad del negocio en Martorell

La empresa insistió en distinguir entre el futuro de la marca —incierto— y el de Seat S.A. como compañía industrial, que considera garantizado. La clave de esa distinción tiene nombre propio: Cupra. La filial de lujo asequible se consolida como el principal motor de crecimiento y rentabilidad del grupo en España, y es sobre ella donde se concentran las expectativas de negocio. La fábrica de Martorell ya produce el Cupra Raval y el Volkswagen ID. Polo, y lidera dentro del consorcio la industrialización de la plataforma para vehículos eléctricos urbanos de pequeño tamaño.

Con todo, la empresa reconoció que sigue negociando la adjudicación de una segunda plataforma eléctrica para Martorell. Esa asignación, todavía sin confirmar, se considera decisiva para garantizar la actividad de la planta a medio y largo plazo, una vez que la producción de los modelos actuales de Seat llegue a su fin natural. El Ibiza y el Arona, con sus versiones mild-hybrid previstas para 2027, serán previsiblemente los últimos grandes lanzamientos bajo el escudo tricolor.

Illa promete «hacer lo que sea» desde el Govern

El president de la Generalitat, Salvador Illa, se pronunció este viernes desde Ucrania, donde se encontraba en visita institucional. Afirmó estar en contacto directo con los máximos responsables de Volkswagen y Seat, y aseguró que el Govern hará «lo que sea» para preservar los puestos de trabajo en Catalunya. Illa calificó esta industria de «esencial» para la economía catalana, aunque no concretó ninguna medida ni comprometió cifras. El tono fue de acompañamiento, no de intervención activa.

Por su parte, el secretario general de UGT, Pepe Álvarez, fue más contundente y reclamó a las administraciones públicas que exijan al grupo Volkswagen un comportamiento proporcional a las ayudas recibidas a lo largo de los años en España. Álvarez calificó la posible desaparición de Seat de error tanto comercial como productivo, y subrayó que la amenaza sobre la marca lleva gestándose «desde hace años».

Matías Carnero, presidente del Comité Intercentros de Seat S.A. y representante de los trabajadores en el Consejo de Supervisión de Volkswagen, adoptó una posición más pragmática. Reconoció que la transformación «nunca es fácil», pero la valoró positivamente si viene acompañada de inversión, mayor responsabilidad industrial y crecimiento para Martorell. Una lectura que prioriza el empleo sobre el nombre en el logotipo.

Oliver Blume, máximo responsable del grupo Volkswagen, reclamó «flexibilidad» para adaptar las estrategias de marca y producto a cada mercado, mientras que Markus Haupt, CEO de Seat y Cupra, situó el centro de gravedad del proyecto en el crecimiento de Cupra y en el aumento de las responsabilidades industriales de la planta catalana dentro del consorcio alemán. Casi ochenta años de historia en la automoción española pesan, pero al parecer no lo suficiente para inclinar la balanza sin que los números acompañen.