Jordi Turull, secretario general de Junts per Catalunya, ha dejado caer esta semana una sentencia que resume el estado de la relación entre su partido y el PSOE: «A Pedro Sánchez no lo investiremos porque hemos salido escaldados». La declaración, realizada en el programa Els matins ante la periodista Ariadna Oltra, es la conclusión pública de un proceso de ruptura que se ha ido fraguando a lo largo de los tres años transcurridos desde que Junts fue decisivo para que Sánchez alcanzara la presidencia del Gobierno.

La pregunta que Turull respondía era directa: ¿qué haría Junts si volviera a encontrarse en posición de árbitro en el Congreso de los Diputados? La respuesta no deja margen a la ambigüedad. Donde antes hubo un pacto político que incluyó compromisos de alto voltaje —entre ellos la tramitación de la ley de amnistía que afecta al expresidente Carles Puigdemont—, hoy Junts solo ve un balance negativo y una confianza rota.

Una ruptura que se ha ido acumulando

La paradoja que subraya el propio debate es notable: incluso con la amnistía en vías de aplicación para Puigdemont, Junts considera que el saldo de su apoyo al ejecutivo socialista ha sido insatisfactorio. Eso indica que el conflicto no gira únicamente en torno a la figura del expresidente, sino a una acumulación de fricciones sobre el cumplimiento de los acuerdos suscritos en la investidura de 2023 y sobre la gestión ordinaria de las relaciones entre el Govern y el Gobierno central.

Fuentes del entorno de Junts llevan meses señalando que el PSOE no ha cumplido con el grueso de los compromisos pactados en materia de financiación singular, transferencias pendientes y reconocimiento político. El partido de Puigdemont ha utilizado cada votación en el Congreso como palanca de negociación, pero, a su juicio, sin obtener los resultados esperados a cambio de ese apoyo.

Las implicaciones para la gobernabilidad en Madrid

La declaración de Turull tiene consecuencias directas sobre el mapa parlamentario en Madrid. Si Junts mantiene esa posición en la próxima legislatura —o en el caso de que una moción de censura o unas elecciones anticipadas volvieran a colocar a los independentistas catalanes en posición de fuerza—, Sánchez no podría contar con ellos para repetir la aritmética que le dio la presidencia en 2023. Eso reduce el margen del PSOE y obliga a pensar en otras fórmulas de mayoría que, hoy por hoy, no están claras sobre el papel.

Para Junts, el mensaje también tiene una lectura interna: la dirección del partido intenta justificar ante su electorado por qué apoyó la investidura socialista y por qué no lo volverá a hacer, un ejercicio de gestión del relato que reconoce implícitamente el coste político de aquella decisión.