La red de Rodalies de Catalunya vuelve a protagonizar una crisis en cadena. Durante los últimos diez días, el servicio ferroviario ha sufrido una acumulación de problemas que evoca lo peor del colapso de enero: un temporal que forzó la suspensión total de la circulación el pasado sábado por la tarde, incidencias técnicas posteriores y, para añadir más presión al sistema, una nueva plantada de los maquinistas que ha dificultado aún más la recuperación gradual del servicio.

La interrupción del sábado fue completa: ningún tren circuló durante horas en toda la red catalana. A partir de entonces, el restablecimiento del servicio ha sido irregular y desigual según las líneas, con usuarios que han vuelto a enfrentarse a retrasos, supresiones y la incertidumbre de no saber si el tren que esperaban llegaría o no.

Paneque defiende la respuesta ante el temporal, pero el historial pesa

La consellera de Territori, Sílvia Paneque, valoró este viernes que la red había respondido de forma "razonablemente buena" ante el episodio meteorológico. Una afirmación que puede resultar difícil de sostener ante la acumulación de incidencias vividas y que contrasta con la percepción de miles de viajeros que llevan semanas sufriendo un servicio poco fiable. La gestión del Govern en materia de infraestructuras ferroviarias lleva meses bajo escrutinio, y declaraciones que minimizan el alcance de los problemas alimentan la desconfianza de los ciudadanos que dependen de estos trenes cada día.

A la fragilidad estructural de la red se suma el conflicto laboral con los maquinistas, cuya negativa a trabajar en determinadas circunstancias ha vuelto a agravar una situación ya comprometida por los efectos del temporal. La combinación de infraestructuras con escaso margen ante condiciones adversas y un clima laboral tenso dibuja un panorama en el que cualquier perturbación —meteorológica o no— tiene el potencial de desestabilizar el servicio durante días.

El episodio de enero ya dejó en evidencia que la red no está en condiciones de absorber imprevistos sin consecuencias graves para los usuarios. Que diez meses después el patrón se repita, con los mismos síntomas y las mismas dificultades para recuperar la normalidad, señala que los problemas de fondo siguen sin resolverse.