El secretario general de Junts per Catalunya, Jordi Turull, ha descartado de forma contundente que su partido vaya a respaldar una eventual nueva investidura de Pedro Sánchez. «Hemos salido completamente escaldados», ha afirmado, en una declaración que evidencia el deterioro de las relaciones entre la formación independentista y el Gobierno central tras el acuerdo que permitió la reelección del presidente socialista.

Las palabras de Turull suponen un portazo explícito a cualquier escenario en que Junts volviera a ejercer de socio clave del PSOE en el Congreso de los Diputados para una investidura. La dirección del partido considera que el balance de ese apoyo ha sido negativo para sus intereses y para las demandas que plantearon como condición al respaldo inicial, lo que ha generado una tensión sostenida entre ambas formaciones.

Vivienda, la próxima batalla en la Diputación Permanente

Junto al cierre de la puerta a Sánchez, Turull ha precisado que Junts mantendrá su voto contrario a los decretos de medidas de vivienda cuando estos se sometan a la Diputación Permanente del Congreso, órgano que asume las funciones de la cámara durante los períodos de receso parlamentario. El argumento esgrimido es que esas normas generan «inseguridad jurídica», una crítica de fondo que la formación ya formuló en votaciones anteriores sobre la misma materia.

La postura de Junts en materia de vivienda ha sido una fuente recurrente de fricción con el Ejecutivo. Al votar en contra de estos decretos, el partido priva al Gobierno de una mayoría que de otro modo dependía de su concurso, lo que tiene consecuencias directas sobre las medidas que el PSOE quería sacar adelante en ese ámbito. Que Turull confirme ahora que ese rechazo se trasladará también a la Diputación Permanente indica que la ruptura táctica con Sánchez va más allá de los grandes gestos y se extiende al día a día legislativo.

La declaración llega en un momento en que las relaciones entre Junts y el Gobierno atraviesan una de sus etapas más tensas desde la investidura, y pone de manifiesto que la estrategia de presión permanente que ha caracterizado al partido de Carles Puigdemont no ha producido los resultados que su dirección esperaba. Lejos de consolidar una interlocución fluida con el Ejecutivo, el saldo que Turull describe es el de una parte que siente haber cedido sin obtener contrapartidas suficientes.