La publicación este martes de la convocatoria de elecciones generales anticipadas en el Boletín Oficial del Estado ha dado el pistoletazo de salida oficial a la precampaña del 29 de noviembre. Y con ella, Junts per Catalunya ha lanzado su primer mensaje inequívoco de campaña: el partido de Carles Puigdemont no facilitará, bajo ninguna circunstancia, un gobierno formado por el PP y Vox. «Con nuestros votos no gobernarán», han afirmado desde la formación independentista.

La declaración llega en un momento en que las encuestas sitúan a la derecha y la extrema derecha rozando o superando la mayoría absoluta. En ese escenario, Junts se convierte de nuevo en una de las variables más observadas de la campaña, como ya ocurrió en anteriores citas electorales en las que el partido posindependentista actuó de árbitro en la investidura.

Sánchez busca movilizar el voto progresista con la crisis de la vivienda

Pedro Sánchez ha elegido la emergencia habitacional como eje central de su estrategia electoral, con la esperanza de que la indignación ciudadana ante los precios del alquiler active a un electorado de izquierdas que las encuestas dan desmovilizado. El presidente en funciones necesita no solo mantener su base, sino atraer apoyos que, en anteriores legislaturas, acabaron fragmentándose entre Sumar, Podemos y otras fuerzas menores.

El resultado final del 29-N dependerá en buena medida de la correlación de fuerzas exacta que arrojen las urnas. Si la derecha no alcanza por sí sola una mayoría suficiente, el papel de Junts vuelve a ser determinante —para bien o para mal del bloque progresista—, aunque la propia formación se ha apresurado a aclarar que tampoco tiene ningún compromiso de sostener a Sánchez en una nueva investidura. El partido de Puigdemont jugará, una vez más, su propia partida.