Claves
- Un menor de 15 años pierde la mano izquierda por una granada policial en Lens
- Los hechos ocurrieron durante protestas estudiantiles contra los institutos públicos
- El joven fue trasladado de urgencia al hospital regional de Lille
- El uso de granadas de dispersión por la policía francesa lleva años en el foco crítico
Un estudiante de 15 años perdió la mano izquierda y parte del antebrazo este lunes en Lens, en el norte de Francia, cuando una granada policial explotó durante los enfrentamientos que se produjeron frente a un centro de formación profesional. El joven, originario de la localidad vecina de Wingles, fue evacuado de emergencia al Centro Hospitalario Regional de Lille con heridas de extrema gravedad.
Los disturbios se enmarcan en una oleada de protestas de estudiantes contra las condiciones de los institutos públicos franceses, que en las últimas semanas ha generado cortes, concentraciones y enfrentamientos con las fuerzas del orden en varias ciudades del país. Lens, ciudad del departamento del Paso de Calais con una larga tradición industrial y un tejido educativo con importantes carencias de infraestructura, fue este lunes uno de los focos más violentos de esa movilización.
El uso de granadas policiales, de nuevo en el centro del debate
El tipo de artefacto implicado en la amputación no ha sido especificado de forma oficial en los primeros compases de la información, pero la gravedad de las lesiones apunta al uso de granadas de dispersión o de aturdimiento, instrumentos que las fuerzas de seguridad francesas emplean habitualmente en el control de disturbios y que en los últimos años han sido objeto de una intensa controversia. Varios activistas y organizaciones de derechos humanos llevan años reclamando su retirada o una regulación más estricta de su uso, tras una serie de mutilaciones y pérdidas oculares documentadas en distintas protestas en Francia.
El caso del menor de Lens se suma a una lista de heridos graves que han provocado sucesivas polémicas sobre la proporcionalidad de la respuesta policial ante manifestaciones protagonizadas, en muchos casos, por jóvenes en edad escolar. La imagen de un chico de 15 años trasladado al quirófano con una mano arrancada por un artefacto del Estado tiene una carga simbólica y política difícil de ignorar, independientemente del grado de violencia que hubiera en los disturbios previos a la explosión.