Pedro Sánchez ha puesto fin a la especulación política de las últimas semanas y ha confirmado la convocatoria de elecciones generales, dando por clausurada una legislatura marcada por la inestabilidad parlamentaria. El Gobierno central había perdido hace tiempo la capacidad de sacar adelante iniciativas legislativas de calado, y la Moncloa optó por aguardar el momento que considerara más propicio para plantarle cara a una derecha que, según todos los indicadores, arranca la campaña como clara favorita.

La apuesta socialista se articula en torno a la crisis de la vivienda. En el entorno de Ferraz se impone la convicción de que el problema del acceso al alquiler y la compra de pisos ha alcanzado una dimensión suficiente como para movilizar al electorado progresista y erosionar a los partidos del centroderecha. Es, en definitiva, el argumento con el que el PSOE espera remontar unas encuestas que no le sonríen.

Una legislatura agotada antes de tiempo

El balance de la etapa que ahora concluye refleja las dificultades estructurales de un ejecutivo que gobernó en minoría y dependió de apoyos parlamentarios heterogéneos y con frecuencia contradictorios. La pérdida de esa mayoría instrumental meses atrás dejó al Gobierno sin capacidad real de impulso legislativo, convirtiendo la Moncloa en un órgano gestor a la espera de urnas. Que la convocatoria llegara antes de agotar el mandato no sorprende a nadie que haya seguido de cerca la aritmética del Congreso.

El PP y sus posibles socios llegan a la cita electoral con ventaja en intención de voto, según las proyecciones disponibles. La izquierda confía en que la cuestión de la vivienda reactive su base, pero el reto es mayúsculo: necesita no solo consolidar su voto propio, sino también arañar apoyos en un centro del electorado que lleva meses mirando hacia el otro lado.

Para Catalunya, la convocatoria abre un escenario de doble partida: las fuerzas independentistas deberán decidir cómo posicionarse ante un nuevo ciclo en Madrid, mientras que los partidos de ámbito estatal con implantación en el territorio disputarán en clave muy local la representación catalana en el Congreso. El resultado en los distritos catalanes puede ser, una vez más, determinante para la formación del próximo gobierno.