El mapa político catalán podría estar ante una transformación de fondo si se confirman las tendencias que refleja una encuesta publicada por La Vanguardia: Aliança Catalana, el partido liderado por Sílvia Orriols, habría alcanzado al PSC de Salvador Illa en número de escaños proyectados, con 30 cada uno. El sondeo dibuja un empate técnico en la cima que, hace apenas dos años, habría resultado impensable para una formación sin representación parlamentaria propia.

El dato que más sacude el equilibrio del independentismo es la caída de Junts, que retrocedería hasta la quinta posición con tan solo 16 escaños. La formación de Carles Puigdemont quedaría así por detrás de ERC, que aguantaría con 23 escaños, y también de Vox, que según este sondeo subiría hasta los 18. Para Junts, que en las últimas elecciones al Parlament compitió por el liderazgo del espacio soberanista, los datos suponen un golpe serio a su posición dentro del bloque independentista.

Orriols irrumpe como alternativa de derechas al PSC

El ascenso de Aliança Catalana se produce en el espacio que históricamente ha ocupado la derecha catalanista, pero con un discurso marcadamente identitario y de ruptura con la clase política tradicional. Orriols ha logrado capitalizar el descontento de un electorado que no se siente representado ni por el establishment independentista —ERC y Junts— ni por las opciones unionistas de centroderecha como el PP o Ciudadanos, fuerza esta última ya prácticamente desaparecida del tablero.

Si los números se trasladaran a resultados reales, el PSC de Illa, actual presidente de la Generalitat, vería cómo su victoria de las últimas elecciones pierde músculo y legitimidad política: gobernar con 30 escaños en un parlamento fragmentado en cinco fuerzas relevantes exige una capacidad de negociación que el actual Govern ya ha demostrado que no tiene garantizada. La pregunta que plantea este escenario es si Illa podría mantener la presidencia o si la aritmética parlamentaria obligaría a buscar alianzas de geometría variable.

La encuesta no desglosa metodología ni margen de error en los datos disponibles, por lo que las proyecciones deben leerse con la cautela que exige cualquier sondeo de intención de voto, especialmente en un electorado tan volátil como el catalán. Aun así, la tendencia que apunta —crecimiento de los extremos, debilitamiento del independentismo clásico— coincide con otras mediciones recientes que ya advertían del agotamiento del ciclo político abierto con el procés.