Amnistía Internacional ha publicado este miércoles una investigación en la que documenta lo que califica de torturas y tratos crueles, inhumanos y degradantes infligidos a personas migrantes en Ceuta por miembros de las Fuerzas Armadas españolas. La organización describe una serie de conductas —palizas, humillaciones, sustracción de dinero en efectivo y de teléfonos móviles— que atribuye a militares desplegados en labores de patrulla por la ciudad.

Lo más grave del informe no es la descripción de episodios aislados, sino la conclusión que extrae la organización: que estos comportamientos no son incidentes puntuales, sino que responden a un patrón sistemático contra los migrantes que permanecen en las calles de Ceuta. Esa calificación de «patrón» eleva la denuncia de lo anecdótico a lo estructural y exige una respuesta institucional a la altura.

Militares en funciones de control migratorio: un debate pendiente

El uso del Ejército para gestionar la presión migratoria en Ceuta no es nuevo. Las Fuerzas Armadas llevan años colaborando con las fuerzas de seguridad en el perímetro fronterizo y en el interior de la ciudad, en un contexto de llegadas masivas que ha desbordado en varias ocasiones la capacidad de respuesta de las administraciones. Sin embargo, el empleo de efectivos militares en contacto directo con población civil migrante —sin el marco jurídico ni la formación específica de la Policía Nacional o la Guardia Civil— ha generado controversia jurídica y humanitaria desde hace tiempo.

La investigación de Amnistía Internacional viene a dar fundamento documental a esas advertencias. La organización ha recopilado testimonios y pruebas que, según ella misma señala, acreditan conductas constitutivas de tortura en el sentido que recoge el derecho internacional. España está obligada por la Convención contra la Tortura de la ONU y por el Convenio Europeo de Derechos Humanos, marcos que exigen no solo prohibir estas prácticas sino investigarlas de forma efectiva cuando se denuncian.

La pelota, en el tejado del Gobierno central

La gestión de Ceuta como ciudad autónoma y todo lo relativo al control de fronteras y al despliegue militar es competencia exclusiva del Gobierno de España, no de las comunidades autónomas. El Ministerio de Defensa y el Ministerio del Interior son los responsables directos de lo que ocurre en esa frontera. El informe de Amnistía Internacional, por tanto, interpela de forma directa al Ejecutivo de Pedro Sánchez, que deberá pronunciarse sobre si abre una investigación interna, qué medidas adopta respecto al personal señalado y si revisa el protocolo de actuación de los efectivos militares en contacto con migrantes.

La gravedad de las acusaciones —robos de pertenencias, golpes y vejaciones documentados— hace difícil que el Gobierno pueda limitarse a una respuesta genérica sobre el respeto a los derechos humanos. Amnistía Internacional ha presentado sus conclusiones públicamente, lo que implica que la presión diplomática y mediática internacional será inmediata.