El eclipse solar total que se vivió en buena parte de Catalunya el pasado 13 de agosto dejó una imagen reveladora del estado del servicio de Rodalies: colas desbordadas, trenes al límite y agentes de los Mossos d'Esquadra controlando el acceso a la estación de Tarragona para evitar lo que desde Adif describieron como un potencial «problema de seguridad muy grave». La causa inmediata fue la avalancha de viajeros que regresaban al área metropolitana tras observar el fenómeno astronómico en el Camp de Tarragona y las Terres de l'Ebre. La causa de fondo, según admiten las propias instituciones implicadas, fue la ausencia de planificación.

Según datos de la conselleria de Territori, el tren regional R16 —que une Barcelona-Estació de França con Tortosa— registró durante el eclipse y las horas previas unos 3.600 pasajeros, el doble de su capacidad diaria habitual. La situación del R15, que conecta la capital con Riba-roja d'Ebre pasando por Reus, fue algo menos extrema pero igualmente significativa: pasó de una media de 1.000 viajeros diarios en ambos sentidos a 1.600, un incremento del 60% sobre lo habitual. El corredor sur de la red de cercanías quedó, en conjunto, completamente saturado.

El propio Govern reconoce que el refuerzo «no fue todo lo deseable»

La confesión más elocuente llegó a través de las redes sociales. El secretario general de Movilidad de la conselleria de Territori, Manel Nadal, admitió públicamente que se habían reforzado «todos los trenes que se ha podido, de ida y de vuelta», pero que «no han sido todos los que habría sido deseable». Una formulación que, traducida a términos operativos, equivale a reconocer que el refuerzo fue insuficiente.

Más directa fue la posición de Adif, que atribuyó el caos en la vuelta —especialmente intenso a partir de las nueve de la noche— a una falta de planificación. El contraste con la gestión del tráfico por carretera resulta llamativo: el director del Servicio Catalán de Tráfico, Ramon Lamiel, había alertado en rueda de prensa horas antes de que lo más prudente era evitar la AP-7 para desplazarse hasta la zona. Hubo, por tanto, previsión de movilidad para la carretera, pero no para el ferrocarril.

En la estación de Tarragona, el punto más crítico de la jornada, los Mossos d'Esquadra desplegaron entre treinta y cuarenta agentes y procedieron a cerrar temporalmente el acceso al recinto ante la imposibilidad de gestionar el flujo de pasajeros. Algunos viajeros describieron la experiencia con crudeza: «Ha sido horrible. No cabíamos y parábamos media hora en cada parada.» Desde Adif reconocieron que sin esa intervención policial el desenlace podría haber sido mucho más grave.

La incidencia del eclipse pone de relieve una debilidad estructural ya conocida: la red de cercanías del sur de Catalunya carece de margen de respuesta ante picos de demanda extraordinarios, incluso cuando estos son perfectamente previsibles con antelación. Un acontecimiento astronómico de esta magnitud, anunciado con meses de anticipación, no debería haber cogido por sorpresa a ninguna administración responsable del servicio.