La junta de portavoces del Parlament de Catalunya vivió este martes una votación tan reveladora como incómoda para varias formaciones. Aliança Catalana se sumó a Vox y al PP en un intento de impedir que el diputado de la formación de ultraderecha Joan Garriga fuera sancionado por haber calificado públicamente de asesino al expresidente de la Generalitat Lluís Companys, fusilado por el franquismo en 1940. La coalición de votos no fue suficiente: la amonestación se mantiene.

El episodio tiene un protagonista inesperado dentro de la propia Aliança Catalana: la portavoz del partido fue quien inicialmente apoyó la posición favorable a Vox, una iniciativa que el propio líder del partido, Sílvia Orriols, tuvo que rectificar públicamente. La imagen de un partido obligado a desautorizar a su propia representante parlamentaria en tiempo real no es menor, y abre preguntas sobre la coherencia interna de una formación que se presenta como alternativa rupturista al independentismo clásico.

Garriga agradece el gesto de sus aliados circunstanciales

A pesar de que la maniobra no prosperó, el portavoz parlamentario de Vox, Joan Garriga, agradeció durante la rueda de prensa posterior el apoyo recibido de Aliança Catalana y el PP. El gesto certifica una alineación puntual entre tres formaciones de perfiles muy distintos —ultraderecha españolista, centroderecha constitucionalista y un partido que se define como independentista de base identitaria— unidas en este caso por oponerse a que el uso de términos como asesino referido a Companys sea motivo de sanción parlamentaria.

La calificación de Companys como asesino por parte de Vox es una posición política conocida y deliberadamente provocadora: el dirigente catalán fue presidente de la Generalitat durante la Segunda República y fue ejecutado por el régimen franquista tras un consejo de guerra sumarísimo. Su figura tiene reconocimiento institucional en Catalunya, y el debate sobre si puede ser objeto de ese tipo de descalificaciones en sede parlamentaria sin consecuencias disciplinarias es, en sí mismo, un termómetro del estado de la convivencia política en el Parlament.

Que Aliança Catalana haya protagonizado este episodio —rectificación interna incluida— pone de manifiesto las contradicciones que pueden generarse cuando un partido de perfil identitario catalán busca distanciarse del independentismo tradicional pero termina votando en sintonía con la extrema derecha españolista en una cuestión que afecta directamente a uno de los símbolos más cargados de la memoria histórica catalana.