Dos de las selecciones más cargadas de historia en el fútbol mundial se citan este miércoles en las semifinales del Mundial de Estados Unidos, México y Canadá. Argentina, actual campeona y aspirante a su tercera final en cuatro ediciones, e Inglaterra, que no disputa un partido decisivo por el título desde que lo ganó en 1966, se juegan el billete a la gran final en un duelo que va mucho más allá de lo deportivo.

Ambos conjuntos llegan al choque con el desgaste físico acumulado tras superar la ronda anterior en prórroga, lo que añade un componente de incertidumbre táctica a una eliminatoria que de por sí ya concentra una carga histórica y emocional difícil de encontrar en cualquier otro enfrentamiento del fútbol internacional.

Maradona, las Malvinas y un siglo de rivalidad que trasciende el césped

El antecedente más célebre entre ambas naciones se remonta a los cuartos de final del Mundial de México 1986, apenas cuatro años después del conflicto armado de las Malvinas entre Argentina y el Reino Unido. En aquel partido, disputado en un clima de tensión que iba mucho más allá de lo futbolístico, Diego Armando Maradona protagonizó en pocos minutos los dos goles más comentados de la historia del deporte rey: el primero, marcado con la mano y validado por el árbitro —bautizado por el propio jugador como «la Mano de Dios»—; el segundo, una carrera individual desde el centro del campo que dejó atrás a media selección inglesa y que ha sido reconocido en múltiples ocasiones como el mejor gol de la historia de los Mundiales.

Pero la rivalidad tiene raíces incluso anteriores. En el Mundial de 1966, celebrado en suelo inglés, el capitán argentino Antonio Rattín fue expulsado en Wembley en un partido ante los anfitriones, y su protesta —sentado sobre la alfombra roja destinada a la reina Isabel II y aferrándose al banderín con la bandera británica— quedó grabada en la memoria colectiva como uno de los momentos más tensos de la historia del torneo.

Con ese peso histórico como telón de fondo, el choque de este miércoles enfrenta a una Argentina liderada por Leo Messi, que busca consolidar su legado en la última etapa de su carrera mundialista, y a una Inglaterra que ve en esta convocatoria, con jugadores como Jude Bellingham y Harry Kane, la generación llamada a poner fin a seis décadas de sequía en la máxima competición internacional.