El incendio declarado en la Vall d'Uixó, en la provincia de Castellón, ha arrasado ya más de 6.500 hectáreas y sigue activo este martes, aunque el dispositivo de emergencias ha transmitido un mensaje de cauto optimismo al señalar que la evolución del fuego es favorable y que confían en poder estabilizarlo en breve. La magnitud del siniestro ha obligado a mantener la evacuación de unas 16.000 personas, mientras otras 64.000 permanecen confinadas en sus domicilios a la espera de que la situación mejore lo suficiente como para levantar las restricciones.

Los servicios de extinción trabajan en condiciones de alta exigencia para contener un perímetro que se ha extendido durante las últimas horas de forma considerable. A pesar de ello, las declaraciones de los responsables del operativo apuntan a que el fuego ha perdido virulencia respecto a los momentos más críticos del incendio, lo que ha permitido avanzar en las labores de confinamiento del frente activo.

Miles de personas afectadas por las medidas de seguridad

El dispositivo de emergencias distingue entre dos grupos de población afectada: quienes han tenido que abandonar sus hogares —cerca de 16.000— y quienes, sin salir de sus municipios, han recibido la orden de permanecer en el interior de sus viviendas. Esta segunda categoría agrupa a 64.000 personas, lo que eleva a más de 80.000 el total de ciudadanos cuya vida cotidiana está directamente alterada por el incendio. Las autoridades no han concretado en qué momento podrían levantarse las órdenes de confinamiento, ya que eso dependerá de la evolución del frente activo durante las próximas horas.

Con más de 6.500 hectáreas calcinadas, el incendio de la Vall d'Uixó se perfila como uno de los más destructivos del verano en el arco mediterráneo español. La extensión afectada implica una pérdida significativa de masa forestal y un impacto sobre el ecosistema de la zona que tardará décadas en recuperarse.