El eurodiputado del PSOE y exministro de Justicia Juan López Aguilar ha roto con el relato oficial del Gobierno de Pedro Sánchez al señalar directamente a Marruecos como responsable de la crisis migratoria de Ceuta. En una entrevista concedida a Euronews, López Aguilar sostuvo que la entrada masiva de inmigrantes a la ciudad autónoma no habría podido producirse sin que las autoridades marroquíes hubieran hecho «la vista gorda».

La declaración tiene un peso político considerable precisamente por quién la formula: no es un dirigente de la oposición ni un crítico habitual del Ejecutivo, sino un cuadro socialista veterano y miembro del Parlamento Europeo. Que alguien de ese perfil apunte a Rabat con tanta claridad contrasta con la postura oficial de La Moncloa, que ha evitado sistemáticamente responsabilizar al reino alauí de las llegadas masivas a Ceuta, priorizando el mantenimiento de las relaciones diplomáticas con Marruecos por encima de cualquier otra consideración.

La diplomacia del silencio frente a un hecho difícil de explicar

El Gobierno español ha mantenido desde el primer momento una posición de extrema cautela respecto al papel de Marruecos en la crisis. La dependencia estratégica de Rabat en materia de control migratorio —y los equilibrios geopolíticos que ello implica— ha condicionado el discurso oficial hasta el punto de evitar cualquier atribución de responsabilidad directa, incluso cuando la evidencia sobre el terreno apuntaba en esa dirección.

Las palabras de López Aguilar en un medio europeo de referencia como Euronews rompen ese perímetro de contención. Al afirmar que una entrada de esa magnitud es imposible sin algún grado de permisividad por parte de las autoridades fronterizas marroquíes, el eurodiputado articula lo que muchos analistas y gobiernos europeos han pensado en voz baja pero que el Ejecutivo de Sánchez se ha negado a reconocer públicamente.

La situación dibuja una fractura incómoda dentro del propio espacio socialista: mientras Moncloa cuida el vínculo con Marruecos con guantes de seda, uno de sus representantes en Bruselas pone sobre la mesa una lectura que cuestiona la narrativa oficial y que, de paso, alimenta el debate europeo sobre la externalización del control de fronteras y la fiabilidad de los países socios en materia migratoria.