Las elecciones generales del 29 de noviembre encuentran al PNV y a EH Bildu en posiciones muy distintas: mientras la formación abertzale afronta los comicios con el viento a favor, los nacionalistas vascos se enfrentan al reto de construir un discurso propio en un escenario dominado por la polarización entre Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo.

El PNV parte de un objetivo concreto: mantener los cinco escaños que obtuvo en julio de 2023, uno menos que en 2019. Algunas encuestas apuntan a un refuerzo de la marca jeltzale tras las igualadísimas elecciones vascas de 2024, en las que PNV y EH Bildu empataron a escaños, pero el escenario de las generales introduce factores que complican el cálculo. Entre ellos, las tensiones internas entre el líder parlamentario Aitor Esteban y la ejecutiva vizcaína, que han aflorado públicamente en los últimos días.

El dilema Sánchez: movilización y desmovilización

El principal desafío del PNV es evitar que su voto sea percibido como un aval implícito a la continuidad del presidente del Gobierno. El partido descarta apoyar un ejecutivo del PP que incluya a Vox, lo que sitúa a los jeltzales, en la práctica, del mismo lado que el bloque de izquierdas. Sin embargo, su electorado es heterogéneo: hay votantes jeltzales críticos con Sánchez, sus formas y sus políticas, que podrían desmovilizarse si el partido queda demasiado identificado con el presidente.

En sentido contrario opera el voto dual. Según un estudio de la consultora Silván & Miracle elaborado a partir de los microdatos de una encuesta de EITB Focus del año pasado, un 7,4% de los votantes del PNV en las últimas elecciones vascas podría decantarse por el PSOE en unas generales. El factor Sánchez actúa, por tanto, en ambas direcciones.

La estrategia del partido pasa por centrar el mensaje en la defensa de los intereses vascos en Madrid, con independencia de quién forme gobierno: frenar una eventual ofensiva centralizadora del PP o, en caso de un nuevo ejecutivo de izquierdas, ejercer de contrapeso moderador. Es un rol que el PNV ha desempeñado históricamente en el Congreso, y que constituye uno de sus principales argumentos de campaña.

EH Bildu, sin los problemas del bloque

El panorama de EH Bildu es sustancialmente diferente. La coalición abertzale no arrastra el coste de la política de bloques: ninguna encuesta ha recogido que su apoyo a Sánchez le haya pasado factura electoral. Al contrario, el estudio de Silván & Miracle estima que alrededor del 90% de quienes votaron a EH Bildu en anteriores comicios repetirían papeleta, una fidelidad inusualmente alta.

A esa base sólida se suma la posibilidad de captar transferencia de voto desde el espacio de Sumar y Podemos. La situación es radicalmente opuesta a la de diciembre de 2015 y junio de 2016, cuando Podemos en pleno auge redujo la representación del espacio abertzale de los siete escaños logrados bajo la marca Amaiur a solo dos. Hoy, con el flanco confederal a la izquierda del PSOE debilitado y previsiblemente dividido, EH Bildu ocupa ese espacio sin rival de peso. La coalición prevé además activar su electorado con mensajes contra el bloque de derechas, una estrategia que ya le resultó rentable en las generales de 2023.