Catalunya ha vivido una de las jornadas meteorológicas más destructivas del año. Un potente sistema de tormenta de características mediterráneas —descrito por los servicios meteorológicos como un minihuracán— ha causado al menos dos muertos y un desaparecido, además de paralizar el transporte y provocar daños materiales de consideración en distintos puntos del territorio.

Las lluvias torrenciales asociadas al fenómeno descargaron en pocas horas volúmenes de agua excepcionales, desbordando cauces, anegando vías de comunicación e inutilizando infraestructuras. Las imágenes recogidas por los medios durante la jornada reflejan la magnitud del impacto: calles convertidas en ríos, vehículos arrastrados y poblaciones aisladas.

Víctimas y emergencias sobre el terreno

La cifra de dos fallecidos y un desaparecido sitúa este episodio entre los más graves de los últimos años en cuanto a consecuencias humanas directas. Los servicios de emergencia desplegaron efectivos en múltiples puntos, aunque las condiciones del terreno dificultaron las labores de rescate y búsqueda de la persona aún sin localizar.

El temporal también obligó a suspender o interrumpir servicios de transporte público y cortó carreteras en varias comarcas, afectando a miles de ciudadanos durante horas. La combinación de precipitaciones intensas y viento fuerte es característica de los denominados sistemas de bajas presiones aisladas en niveles altos —conocidos como DANAs— que en otoño e invierno afectan con especial virulencia al litoral mediterráneo.