Un sondeo publicado por El Mundo dibuja un escenario electoral catalán que sacudiría el mapa político de la cámara autonómica: Aliança Catalana, la formación de Sílvia Orriols, se convertiría en la segunda fuerza del Parlament, por delante de partidos con mucha más implantación histórica. El PSC, actual fuerza gobernante, y Junts per Catalunya serían los grandes perjudicados de este nuevo equilibrio de fuerzas.

La estimación pinta un hemiciclo notablemente más atomizado que el surgido de las elecciones de 2024, lo que complicaría aún más la formación de mayorías estables. En ese contexto, el ascenso de Aliança Catalana vendría a expresar un trasvase de voto en el espacio soberanista más identitario, en detrimento precisamente de las dos fuerzas independentistas que han dominado ese terreno durante la última década.

ERC, sin señales de recuperación

Para Esquerra Republicana, el sondeo no ofrece ningún motivo de optimismo. La formación no lograría remontar los resultados que ya fueron históricamente malos en los últimos comicios catalanes, consolidando así su travesía por el desierto tras años de división interna, relevo en el liderazgo y un apoyo electoral en caída sostenida. La encuesta sugiere que el electorado republicano no ha encontrado razones suficientes para volver al partido.

Junts, por su parte, también acusaría el desgaste. La formación de Carles Puigdemont, que en los últimos años ha capitalizado buena parte del voto más recalcitrante del independentismo, vería cómo Aliança Catalana le disputa ese espacio con un discurso aún más escorado hacia las posiciones identitarias y de control migratorio que han impulsado la irrupción del partido de Orriols.

El PSC paga el precio del gobierno

El Partido dels Socialistes encaja en este escenario la penalización habitual del partido en el gobierno cuando llega el momento de rendir cuentas ante el electorado. Salvador Illa accedió a la presidencia de la Generalitat tras una legislatura marcada por la complejidad de los pactos y las exigencias de unos socios de investidura con agendas muy distintas. Un desgaste de esta magnitud, si se confirmara en urnas reales, pondría en cuestión su capacidad para mantenerse al frente del Govern en la siguiente legislatura.

Conviene subrayar que se trata de una estimación demoscópica, con todas las limitaciones que eso implica, y que la distancia entre un sondeo publicado fuera de período electoral y el resultado real de unas elecciones puede ser considerable. No obstante, la tendencia que apunta —fragmentación creciente y reorganización del voto en el espacio soberanista— coincide con dinámicas que otros estudios de opinión ya venían registrando en los últimos meses.