El Senado de Estados Unidos ha confirmado a Todd Blanche como fiscal general del país, culminando un proceso de varios meses que comenzó cuando el presidente Donald Trump lo designó para dirigir el Departamento de Justicia. Blanche, que ejerció como abogado defensor de Trump en varios de sus procesos penales, venía desempeñando el cargo en funciones desde la primavera, tras la destitución de su predecesor.

El nombramiento es, en términos institucionales, uno de los más polémicos de la segunda administración Trump. Blanche no llega al cargo con un perfil de fiscal independiente, sino con el de un hombre que ha construido su relación con el poder ejecutivo precisamente desde la trinchera de la defensa personal del presidente. La leal vinculación entre ambos es el elemento que preside toda su trayectoria reciente.

Un Departamento de Justicia reorientado hacia la órbita presidencial

La confirmación de Blanche representa el último paso en la transformación del Departamento de Justicia bajo Trump. Desde que el presidente retomó la Casa Blanca, ha utilizado esa institución para reemplazar a responsables que consideraba hostiles o insuficientemente leales, y ha orientado sus decisiones hacia objetivos que sus críticos califican de instrumentalización política. Blanche, con su historial directamente vinculado a la defensa de Trump ante los tribunales, encarna ese giro de forma más explícita que ningún otro cargo del gabinete.

El Senado, con mayoría republicana, ha dado luz verde al nombramiento sin mayores obstáculos, siguiendo la pauta de las demás confirmaciones del equipo de gobierno trumpista en esta legislatura. La oposición demócrata ha cuestionado la idoneidad de designar para la máxima responsabilidad de la fiscalía federal a alguien cuya carrera reciente ha estado al servicio exclusivo del propio presidente.