La guerra económica que Ucrania libra contra Rusia ha encontrado un nuevo frente: Wildberries, la plataforma de comercio electrónico más grande del país y el equivalente ruso de Amazon. En un periodo de poco más de dos semanas, las fuerzas ucranianas han ejecutado cerca de treinta ataques contra los almacenes logísticos de la empresa, inutilizando más de un millón y medio de metros cuadrados de infraestructura de distribución.

La campaña no es un hecho aislado ni una acción de oportunidad. Se encuadra dentro de una estrategia deliberada y sistemática por parte de Kiev para erosionar la capacidad productiva y logística de la economía rusa. Junto a los ataques reiterados contra refinerías de petróleo y corredores de transporte, la ofensiva contra Wildberries apunta a golpear la cadena de suministro interior, es decir, la capacidad de Rusia para abastecer a su propia población y sostener el consumo interno en tiempo de guerra.

Wildberries, pieza clave de la economía de consumo rusa

Wildberries no es una empresa cualquiera. Es la plataforma de venta en línea dominante en el mercado ruso, con una red de almacenes distribuidos por todo el territorio que actúa como columna vertebral del comercio minorista digital del país. Atacar esa infraestructura significa interferir directamente en la cadena de distribución de millones de consumidores rusos, con un efecto potencial sobre la percepción ciudadana de la guerra muy distinto al de los bombardeos sobre instalaciones militares o energéticas.

La magnitud de los daños es significativa: más de un millón y medio de metros cuadrados de espacio logístico destruido o inutilizado en quince días supone una afectación de gran escala para cualquier operador de comercio electrónico, y más en un contexto en el que Rusia ya sufre restricciones de importación por las sanciones occidentales. Cuanto más depende el mercado interno de la distribución nacional, más vulnerable resulta a este tipo de ataques.

La decisión ucraniana de ampliar los objetivos al tejido empresarial civil ruso refleja una apuesta por la presión prolongada sobre la retaguardia económica del adversario, reconociendo que el agotamiento financiero y logístico puede ser tan decisivo como los avances en el frente.